Esta es la historia de Miranda, el barco de vela que me llevó a conocer los Agullons, en cabo Ortegal, la punta mas norte de la peninsula.
Ella tiene alas, hasta cuatro puede llevar, y miden 12 metros desde abajo hacia el cielo. Cuando las alas flamean hay que rizarlas, ella solo tiene un rizo, pero los barcos mas grandes pueden tener hasta 4. Sus cuerdas son azules y blancas y tiré de una de ellas para izar la vela de proa, la pequeña y con la fuerza de caida de mi peso, apenas pude levantarla, pero lo hice. Miranda dejó que enhebrara su vela vela mayor, pero levantarla era demasiado para mí.
Miranda no tiene prisa, pero cuando tiene que obedecer, tiene un motor de gasolina de apenas 14 cv que le ayuda a llegar donde indica su tripulante, Alvaro.
Pero cuando el motor se para y solo la mueve el viento, empieza a sonar musica desde su interior.
¿no oyes? ¿es una flauta lo que suena? ¿de donde vendrá esa musica?
Es ella, en el mastil de su vela mayor tiene un agujero por donde entra y sale el aire del mar y suena como la mas dulce de las flautas, como, quizás, aquellas voces que escuchaban los marineros en alta mar, aquel sonido que embriagaba y hacia ir en busca -loco de tí- de la boca que tocaba en la inmensa soledad del mar abierto ese canto de sirenas.