Tradicionalmente, en la Cuesta de Moyano, al menos desde antes de que mi padre viniese a estudiar a Madrid, justo al lado del Jardín Botánico, el Retiro y Atocha, había una serie de puestos de libreros. La mayoría de ellos vendían libros de segunda mano, alguno vendía libros antiguos (viejos en algún caso) y otros, los menos, libros de colecciones modernas y alguna que otra novedad.
Un buen día, alguien (supongo que del ayuntamiento de Madrid) decidió que iban a quitarlos de allí. Nunca supe las razones. Los libreros se sintieron amenazados y se quejaron. Mucha gente, de Madrid y de fuera, del mundo de la cultura o no, se unieron a esa queja. Al final consiguieron una solución de compromiso, dejaron de estar en la Cuesta de Moyano y pasaron al Paseo del Prado, simplemente tuvieron que doblar la esquina.
Hoy pasé a cotillear por ahí, a ver qué había (al final me llevé una edición barata de 'El tercer hombre', de Graham Greene) y me di cuenta de una cosa: en muchos de aquellos puestos olía a humedad, a viejo y, sobre todo, a fascismo. Tal vez no era sido mala idea que hubiesen desaparecido.
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