Colaboradores

24 septiembre 2005

El otro día...

El otro día casi lloro. Iba en el coche e iba ecuchando un CD de Sabina (Inventario, de 1978). Sonó la primera canción, que da título al disco. Escuché y canté la segunda, Tratado de impaciencia número 10, que siempre me hace sonreír. Luego la tercera, Tango del quinielista, que tiene un sabor agridulce. Llegó la cuarta canción, 1968, y me llené de esperanza, de alegría y de imágenes bellas de esas que le cambian a uno el día. La canción empieza así:

Aquel año mayo duró doce meses
tú y yo acabábamos de nacer
y un señor muy serio moría del disgusto
en la primera página del ABC.
Los claveles mordían a los magistrados
París era un barrio con acordeón
Marx prohibió a sus hijos que llegaran tarde
a la dulce hoguera de la insurrección.


Pero, de repente, cuando estaba completamente abierto al optimismo, al "buen rollo" y a todo lo que de positivo pueda haber, me encontré con esto:

Si ahora encuentro a aquel amigo
leo en el fondo de sus ojos
que ya se secaron las flores de
de 1968.


Todas las esperanzas, alegrías, imágenes, TODO, dinamitado desde los cimientos por cuatro versos, por 22 palabras que me llenaron los ojos con agua suficiente como para resucitar esas flores secas.

No hay comentarios: