
Nuestros hermanos argentinos lloraron el otro día por la muerte de un maestro.
America Latina se revuelve en revoluciones sociales y el sector de los maestros (incluimos en este vocablo a todos los profesores de los distintos niveles) toma parte activa en cada una de ellas, o bien, son el detonante para que estas revueltas afloren y contagien a la sociedad entera.
Que las revindicaciones sociales, en su mayoría justas, terminen con una muerte parece ser otra noticia más, otra muerte más; pero no son bajas como las de una guerra declarada, son castigos de los gobiernos represivos para escarnio de los demas sectores sociales.
Centrándonos en la muerte de un maestro, recuerdo las diferentes maneras de morir que me enseñó D. Jose Saramago y me pregunto si no estaran matando tambien a nuestros maestros, a los maestros de nuestros hijos, en esta nuestra sociedad “avanzada”.
Si nuestros hermanos de Sudamerica mueren en post de un salario justo, los maestros de nuestras sociedades capitalistas cada vez estan mas muertos por dentro, se les murió su pasion por enseñar, ahogadas entre restricciones juridicas y consoladas con compensaciones economicas. Atados por un reglamento que los separa cada vez mas de los alumnos, sometidos a un plan de estudios del que ellos mismos reniegan, aprobado dicho plan de estudios en consejo por ilustres que no tienen contacto con la vida real, nuestros maestros se nos mueren sin poder ejercer su vocacion, nuestros hijos sienten la distancia establecida, reglamentada y cada vez mas endurecida que existe entre maestros y alumnos, desafiando y contribuyendo estos últimos (cosas de la edad), como vemos cada vez más frecuentemente en TV, a ampliar ese limite que los aleja cada vez más.
A los maestros de America Latina les estan matando las balas de la policia. A los maestros de nuestro pais los esta matando la política educativa (eso que llaman ESO). Y no son las unicas victimas. Nuestros hijos pierden tambien uno de sus derechos fundamentales y ampliamente renocido y recogido en distintos tratados juridicos: el derecho a la educación.
Porque la muerte de un maestro, sea en su cuerpo fisico como en su amor por la enseñanza, es la no posibilidad de nuestros niños y adolescentes a acceder al fantástico universo que conforman las mil formas que adquiere la cultura.
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