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19 junio 2005

De bosques y árboles

Uno de los males de la modernidad que nos afectan a todos y del que no nos damos cuenta es el que nos impide ver los detalles de lo que nos rodea. Sólo vemos conceptos: un árbol en lugar de un roble o un castaño o un plátano; un pájaro en lugar de un gorrión o una urraca o una paloma; una calle en lugar de un paseo o una avenida o una calleja. Nos perdemos en el concepto de lo que vemos, en su representación más simple (una planta grande, un animal que vuela, un camino urbano), pero somos incapaces de volver a la "mirada pequeña" sin que ello nos suponga un esfuerzo. Ya no apreciamos la belleza de una gota que cae en un vaso, se nos escapan los dibujos ondulados (incluso flamígeros) de la madera.

La sabiduría popular dice que "los árboles no nos dejan ver el bosque", pero tal vez llegó el momento de cambiarlo para decir que "el bosque no nos deja ver los árboles", ahora que tenemos el concepto tan metido en los ojos y los elementos individuales perdidos y desenfocados detrás de él.

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