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19 junio 2005

el poder de la seduccion

Siempre me sorprende el poder de la seducción que tiene el conjunto de cosas que nos rodea.

Las palabras de una canción, como salidas de un recuerdo del fondo del baúl de nuestra memoria, la mirada de un desconocido que sostiene sus ojos cuando se cruza en tu camino, la sonrisa de un bebé que te reconoce y acepta.

Y esta tarde, el poder de seducción de la lluvia torrencial de verano.

Como muestra el cielo su furia, gritando en graves truenos, arrojando gotas de lluvia como lagrimas de gigante, estallando en el cielo a modo de rasgadura de la piel de la cúpula celeste. Y como, seguidamente, la madre tierra recoge sus lamentos, devolviendo a un dios airado, su perfume más íntimo.

Cierto es que en el juego de la seducción siempre hay algo de misterio, pero no menos verdad es que también es una de sus reglas cierta aceptación de lo que puede suceder en el juego y al igual que para calmar a un loco se necesita cierta sabiduría, así la diosa madre recoge y transforma sabiamente aquella expresión de furia en un estado donde todo te hace sentir gozo: el olor del aire, el color de las cosas, la luz reflejada en el agua caída,…. Las lágrimas del gigante han calmado su ardor y ella se muestra fértil y hermosa.

Como en el juego de la seducción, calmar la sed con el impetuoso deseo de no seguir aguantando ese calor que te muerde por dentro, conseguir volver a hacer temblar los sentidos, adormecidos por la rutina.

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