Mi mundo siempre ha estado dominado por la fantasía. Aún hoy, rondando los 30 veo que tiendo más a lo imaginado que a lo real. Sentado frente a una pared de gotelé (¿se escribe así?), una laja de mármol o, simplemente, un trozo de tela dejado caer al azar mis ojos imaginan formas que se relacionan con los demás dibujos que las rodean.
En las paredes de mi baño viven colonias de seres que sólo necesitan ser mirados de determinada manera, como si buscases algo diez centímetros por detrás de esa pared. Sólo así pueden sacarse esas formas, tratando de no verlas, mirándolas con la vista perdida un poco más atrás del primer plano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario