Colaboradores

21 junio 2005

Sigue sin llover

La tierra querría quejarse, pero tiene la garganta seca. Esta primavera de más de 30 grados está cuarteando su piel deshidratada. El agua de los ríos no llega para humedecer esta tierra rota como la piel de un elefante.

Y lleva sin llover más de una semana. Ni tan siquiera una tormenta que arranque la hierba más seca. Ni eso. Sólo cielos despejados como los de Comala, con su aire húmedo de sudor rancio, o estériles tormentas eléctricas que ni siquiera aligeran el bochorno provocado por ellas mismas.

Quiero que llueva. Quiero salir a la calle con la ilusión de un niño que estrena botas de agua. Quiero dejar que el fruto de las nubes escurra desde mi cabeza, quiero calarme hasta los huesos y sentir el mordisco del viento a través de mi ropa encharcada.

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