Colaboradores

24 septiembre 2005

El otro día...

El otro día casi lloro. Iba en el coche e iba ecuchando un CD de Sabina (Inventario, de 1978). Sonó la primera canción, que da título al disco. Escuché y canté la segunda, Tratado de impaciencia número 10, que siempre me hace sonreír. Luego la tercera, Tango del quinielista, que tiene un sabor agridulce. Llegó la cuarta canción, 1968, y me llené de esperanza, de alegría y de imágenes bellas de esas que le cambian a uno el día. La canción empieza así:

Aquel año mayo duró doce meses
tú y yo acabábamos de nacer
y un señor muy serio moría del disgusto
en la primera página del ABC.
Los claveles mordían a los magistrados
París era un barrio con acordeón
Marx prohibió a sus hijos que llegaran tarde
a la dulce hoguera de la insurrección.


Pero, de repente, cuando estaba completamente abierto al optimismo, al "buen rollo" y a todo lo que de positivo pueda haber, me encontré con esto:

Si ahora encuentro a aquel amigo
leo en el fondo de sus ojos
que ya se secaron las flores de
de 1968.


Todas las esperanzas, alegrías, imágenes, TODO, dinamitado desde los cimientos por cuatro versos, por 22 palabras que me llenaron los ojos con agua suficiente como para resucitar esas flores secas.

18 septiembre 2005

"Una linda foto"

Eso me dijiste cuando me la enviaste: "una linda foto".

Y no estoy de acuerdo. Es una foto bellísima.

Está llena de todo lo que hay, no sólo en Chiapas, sino en todas partes. Hay miseria, sí, pero también hay esperanza; hay opresión, pero hay lucha; no hay donde caerse muerto, pero todo es nuestro; hay un gris dominante, pero hay colores con luz propia que cambian el mundo con sólo aparecer un rato; tierra, agua, aire y fuego (el de un ideal).

Gracias por compartirla conmigo.

Ahora, cada vez que me acuerde de Chiapas o de cualquier otra zona que luche por unos derechos que se le niegan, recordaré esta imagen cargada de significados y de ideas opuestas.

15 septiembre 2005

y que de qué?

como dice el poeta, que importa ser poeta o ser basura
algunas veces nos sentimos dioses, otras mendigos, unas veces creativos y otras sin prisas - y sin nadie que nos la meta- de escribir
una fase de tantas fases de esta vida, una mas
lo importante es que cuando escribas te sientas libre y las palabras salgan solas de tí
yo no escribo, no leo, solo trabajo, trabajo, trabajo

odio las sequias, yo tambien

aqui cuelgo un blues que escribi, espero que le pongas musica

Dime por qué
Dices que no puedes,
Que nunca podrías darme
Lo mas oscuro de ti

Dime por qué
Dices que me quieres
Si con tan solo tocarte
Te alejas de mí

Dime por qué
Si la razón no comprende
Cómo quieres que acepte
Que nunca estarás aquí

Dime, oh, solo dime
Si no quieres seguir jugando,
Si crees que te estoy dañando
Y quieres dejarlo así

Oh, dime, cielo, dime
No quieras seguir callando
Otro día seguimos hablando
Ya nos veremos por ahí

10 septiembre 2005

Imágenes (III ¿y qué?)

No sé qué es lo que me pasa. Desde hace un tiempo me cuesta hilar las palabras. Las coloco unas al lado de otras y, mientras que en mi cabeza parecen tener sentido, una vez que aparecen sobre el blanco de la pantalla no son lo que yo esperaba de ellas. Siento que todos mis intentos son inútiles, que mis esfuerzos no valen para nada, que (como dice Fito en una de sus letras) "todo lo que canto es tan estéril /[···] / todas las canciones son la misma".

A veces, si tengo suerte, consigo imágenes inconexas. Frases que tienen un aire de hermosura pero que nunca llegan a relacionarse con la anterior o con la siguiente. Y si, como hoy, consigo dos frases que puedan ir de la mano, mi cabeza se queda paralizada, incapaz de darles un contexto (porque ya no pienso en historias, como antes) o de prolongarlas o de añadirles otras similares que formen un todo y que puedan significar un "ejercicio" como los que pretendía hacer al principio de este blog.

Como la otra vez y, por si tienes alguna historia/canción/poesía para la que puedan valer, te las pongo aquí:

Siempre me ando escondiendo. Unas veces es detrás de un renglón; otras, detrás de un verso o de una canción; las más, detrás de una palabra pequeña, discreta, sin importancia y que nunca es la misma.

Oculto mi voz detrás de un susurro, del ruido de una respiración, del sonido de dos hojas al rozarse en la copa remota de un árbol.


¡Dios! Cómo odio las sequías....

06 septiembre 2005

Imagenes II

en agradecimiento a tu ofrecimiento, te mando una parte de un antiguo sentimiento que me inspiró, sin queriendo, estos versos

DEJA QUE LA LLUVIA MOJE TU CARA

Levanta tu cara a la lluvia
deja que ella sea tus lagrimas
aquellas que no puedes llorar.

Ellos se cruzan en tu camino
y con sus cabezas agachadas
sus ojos te miran sin comprender
por qué llevas la cara mojada
por qué miras hacia arriba
con los ojos cerrados
y una sonrisa en la boca

Ellos no saben, tú sí

Sabes que la lluvia son tus lagrimas
nacidas, no desde la tristeza de algún oscuro pozo,
sino de más allá del cielo.
Solo tú sabes que su sabor no es amargo
y que, si mezclada con tus lagrimas llega a tu boca,
tendrán el dulce-amargo sabor de los recuerdos.

Deja que la lluvia moje tu cara
y que los surcos de tus cabellos mojados
sirvan de cauce al agua que te bendice.
Y si te sientes observado,
mira a sus ojos, ferozmente,
y grítales sin palabras
que no eres como ellos.


Xátiva, febrero 2003

05 septiembre 2005

Imágenes (I)

Sólo son imágenes en espera de utilidad, pero como siempre me olvido de ellas, aproveché el blog para no olvidarlas:

Llevo en mi alma una herida y mi alma en un bolsillo; tengo el corazón en una caja para no perderlo, para que no me lo quiten.

Tengo los zapatos llenos del agua de lluvia de tus ojos y no puedo caminar por el peso de tus penas.

Trato de enterrar tu memoria allá donde mi pensamiento no pueda volver sin mí, pero siempre estás acechando tras todas las esquinas de mi mente.


Si te gustan y las quieres, tuyas son.

PD: Espero que, con el tiempo, haya más.

02 septiembre 2005

Ceguera

Había una vez un hombre ciego que casó con la muchacha más hermosa del lugar.

Siempre había soñado con que la mujer más bella de los alrededores se casara con él y solía decir que se sentiría el hombre más feliz de la tierra, tanto que no le importaría perder dos veces su vista por su ardiente deseo.

Quizás algún hada con sentido del humor le escuchara y quiso enseñarle una lección a este humano y, quizás, tejiera con los hilos del destino la realización de ese sueño.

El hombre ciego conoció a una muchacha que olía a albahaca y que su voz era tan melodiosa como el susurro del aire entre los árboles, tan hermosa por dentro que el ciego olvidó su sueño, pues para él siempre sería la más linda mujer que conocería.

Consiguió a la muchacha y, cuando preguntaba a sus allegados por su hermosura, todos comentaban las grandes cualidades que poseía.

Al principio se sintió henchido de orgullo, de satisfacción, de alegría, pero pasaron los días y el hombre ciego pensaba y pensaba, cada vez mas a menudo, cada vez mas triste, que, quizás, todos le estuviesen mintiendo, que todos aquellos que le rodeaban, apenados por su desgracia, le estuvieran ocultando la verdad de la hermosura de su esposa.

La idea creció en su mente y cada vez tomaba mas fuerza, como un torbellino de aire en un campo de trigo, cada vez más deprisa, siempre la misma duda, vueltas y mas vueltas.

El hada se divertía mirando la angustia con la que se castigaba a si mismo ese humano pero miraba con tristeza a la muchacha que, cada vez mas apenada por el comportamiento tan extraño de su esposo, día a día iba perdiendo la luz de sus ojos.

El hada prendió su aliento en las pestañas del hombre ciego mientras dormía y, al despertar, pudo volver a ver los colores y las formas de todo lo que le rodeaba.

Vio a la muchacha y comprobó que era la mujer mas bella que jamás había visto y se sintió tan dichoso que una ola de alegría oscureció sus ojos de nuevo.

El hombre ciego se sintió morir, de nuevo estaba solo en la oscuridad, pero, al menos, ya sí sabía que su esposa era la mujer más bella del mundo, por dentro y por fuera.

Con el pasar de los días el hombre ciego volvió al tormento de las ideas injustificadas y el reconocer que tenía a su lado a aquella hermosura fue el pretexto para que los celos empezaran a morder su estomago y sentía una punzada cuando oía reír a la muchacha, cuando la oía conversar con otra persona e, incluso, cuando no la sentía cerca de él.

La angustia fue tan honda que rozaba la locura y el hombre ciego y loco hacía daño a la muchacha sin necesitar excusas para hacerlo, sólo el golpearla calmaba aquel parásito que tenía alojado en su vientre.

El día que la muchacha huyó de la casa fue el día que el gusano subió hasta su mente y, cuando descubrió la escapada, contrató a un matón para que la buscara y la trajera de nuevo hasta él. Cuando la tuvo frente a frente, le tiró ácido a la cara, para que jamás nadie volviera a mirarla.

Aquel hada con sentido del humor lloró sus lagrimas sobre los ojos de aquel miserable, que recuperó su vista en el momento en que la piel de la hermosa muchacha se deshacía bajo la terrible acción del ácido y pudo ver los jirones de carne descolgándose del hueso, y pudo ver sus lindos cabellos cayendo al suelo sin la sujeción que siempre tuvieron y todo ello dejó su mente bradipsíquica para el resto de su penosa existencia de asesino.

Dos veces perdería la vista por tener la hermosura solo para él porque, aunque el hada le devolvió su sentido para que contemplara su terrible acto, sus ojos ya no miraron nunca mas nada, que solo verían, todos los días de su vida, la terrible escena una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.