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05 agosto 2008

la otra mujer del cuadro


Tenía la venda en los ojos y tú la subiste a mi frente para que el sudor de la soledad no irritara mis ojos.
Estaba encerrada en un mundo que habían pintado para mí, prisionera entre cuatro listas de madera barnizada, cuando apareciste frente al cuadro.

Me miraste detenidamente, fijando en tu fantasía cada pliegue de mi cuerpo, la laxitud de mis miembros, el vuelo de mi pelo sobre la cama. No miraste mis ojos, aquellos que al principio te observaban desde mi cárcel con curiosidad pero que después te miraron con fuego.

Y cuando quisiste hacer como que me tocabas, mi cuerpo retomó volumen para sentir tu tacto. Pero no llegaste a hacerlo. No lo suficiente.
Y ahora sé que vive en tu recuerdo lo hermoso que fue, que pudo haber sido, si, en vez de alargar la mano, hubieras entrado en el cuadro.

Como Alicia en las ciudades de las maravillas, un gran conejo blanco te hubiera llevado al infierno.

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